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EN MEMORIA DE TODAS LAS MUJERES AGREDIDAS Y ASESINADAS A MANOS DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO QUE EJERCEN SUS VERDUGOS.
QUE NINGUNO MÁS QUEDE SIN CASTIGO, QUE NINGUNA MÁS SE QUEDE SIN VER UN ATARDECER.
Al salir a la calle notó como el aire frío le traspasó el grueso abrigo y se detuvo unos instantes para taparse con la bufanda y calarse hasta las orejas el gorro de lana.
Caminaba deprisa abriéndose paso entre la espesa niebla. El sol todavía sin fuerza, no había logrado disipar las primeras luces grises que preceden a la claridad diurna.
Calle abajo, la madrugada sonaba preñada de un extraño e inquietante silencio.
María caminaba rápido acompañada por el fiel eco de sus pasos.
No le oyó llegar, ni siquiera le vio, pero percibió su presencia y súbitamente se sintió paralizada. Sabía que estaba muy cerca, pero fue incapaz de moverse, gritar o de huir en busca de refugio.
Casi al instante notó como su poderoso brazo le rodeaba el cuello arrastrandola con fuerza hacia dentro del oscuro portal. Su respiración jadeante, su aliento agrio y el rotundo contacto con su cuerpo hicieron que el miedo se apoderase de ella y que temblase con fuertes sacudidas.
La arrinconó contra la pared y se colocó delante quitándole de un manotazo el gorro. Tiró de su pelo levantandole la cabeza con un gesto brusco y entonces pudo verle la cara. La maldad reflejada en sus ojos y sus facciones angulosas le conferían un aspecto amenazador.
Con un movimiento brusco, sacó del bolsillo un objeto que hizo girar con eficaz juego de muñeca dejando al descubierto la hoja larga, afilada y reluciente de un cuchillo mariposa.
María siguió el recorrido que describió el arma hasta llegar a su mejilla izquierda, en la que dibujó un serpenteante camino hasta llegar a su cuello, donde apoyó la hoja con la suficiente fuerza como para producirle dolor.
Después susurró a su oído:
-Ya estoy aquí.
María sintió que las piernas le flaqueaban, quiso gritar, pedir ayuda, pero fue inútil, al instante notó en el costado una punzada y el fuerte impulso del puño que guiaba al cuchillo, apretando sin piedad. La sangre corrió cuerpo abajo, en torrente liquido y caliente. Después el cuchillo penetró en su abdomen varias veces, lacerante e inmisericorde, guiado por la mano de su verdugo.
Durante esos instantes eternos, cerró los ojos y deseó morir y que la pesadilla en que se había convertido su vida acabase cuanto antes. Durante esos instantes quiso refugiarse en el recuerdo de los momentos que habían compartidos juntos, cuando aun eran felices. Rememoró caricias, besos, susurros, complicidades de enamorados.
Su cuerpo fue deslizándose lentamente hacia el suelo, donde quedó sentada con la cabeza colgando hacia delante. Deseó formular una última pregunta pero no tuvo conciencia de si llegó o no a pronunciarla.
-¿Alguna vez me has amado?
Entonces un fuerte golpe le sacudió la cabeza y perdió la conciencia.
Durante mucho tiempo solo escuchó susurros, cadencias de conversaciones que ella percibía como ecos lejanos, voces entrecortadas y llorosas que pronunciaban palabras que ella no podía entender. Después empezó a vislumbrar luces que parecían surgir desde las tinieblas. No sentía dolor y por eso creyó que todo había terminado.
Un año después María contemplaba reflejado en el espejo su cuerpo regado de cicatrices. Seguía viviendo, esperando, temiendo volver a encontrarle en cualquier momento. Podía acecharla nuevamente en otra esquina, en un portal oscuro, como la última vez.
Se acercó al espejo y miró de cerca, detenidamente la fina cicatriz que le recorría la mejilla hasta llegar al cuello. La rozó suavemente con la punta de sus dedos y sintió un nudo de sensaciones que le atenazaba la garganta.
Él no solo había destruido su belleza, también le había arrebatado la capacidad de amar y de gozar de la vida. Podría decirse que la había convertido en un cadáver que seguía respirando, arrastrando lentamente su cuerpo en espera del último encuentro.
-¿Porqué a mi? ¿Hasta cuando?
Él estaba en libertad y ella prisionera del miedo con el que durante largo tiempo había aprendido a convivir.
-¿Hasta cuando?
Se vistió rápidamente evitando mirarse de nuevo en el espejo y volvió a salir a la calle en otra madrugada oscura y fría, con el rostro lleno de lágrimas.
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